papá tomando a su hija en brazos

Jaime, un papá que cuida

En la provincia Chimborazo vive Don Jaimito, de 36 años de edad. Viene de una familia numerosa, es el cuarto entre 6 hermanos y hermanas. Es padre de una niña de 6 años y de un niño de 10.  Mientras reflexiona, nos cuenta que creció en un ambiente hostil, con mucha violencia, donde su padre siempre tuvo dominio y control sobre la familia. “Un día mi hermana menor y yo llegamos muy tarde a la casa, por quedarnos en la fiesta de la vecina, al llegar a la casa mi padre nos castigó físicamente, pero la peor parte la llevó mi hermana, porque las mujeres no debían estar en esos espacios de diversión” recuerda. En su familia, solo él y su hermano concluyeron el bachillerato, sus cuatro hermanas apenas terminaron la primaria, a pesar de que deseaban seguir estudiando. Cuenta que su padre hizo que ellas se quedasen en casa trabajando en la agricultura y ganadería.

Mientras crecía, a Jaime le afectó el comportamiento de su padre y las vivencias con su familia, su colegio y su comunidad, donde aprendió que los hombres tienen más valor, más privilegios y bastante poder; que ellos deben proveer recursos económicos, además de no expresar sus sentimientos, como la tristeza o dolor. “Mi padre decía tú eres macho no debes llorar… y la maestra de mi jardín y de la escuelita decían que lo hombres deben ser bien hombres y no como mujercitas”, menciona.

En el colegio se reforzaban las concepciones de desigualdad y estereotipos con los que Jaime creció. Sus compañeros acostumbraban a minimizar a sus compañeras mujeres y molestarlas, desconociendo sus capacidades, “yo pensé porque soy hombre puedo agredir, ofender, ser violento, insensible, irresponsable y muchas otras cosas que dicen de los hombres”, dice.

A sus 18 años, ingresó al acuartelamiento obligatorio por seis meses. Ahí aprendió por primera vez a hacer las tareas domésticas, que estaba acostumbrado a que solo sean realizadas por mujeres. También aprendió a valorar más a las personas y a reconocer que los hombres también tiene emociones, recibió un trato físico muy duro que también le afectó mentalmente.

Jaime se casó a sus 24 años con Dolores, una mujer de su comunidad y de la misma edad. A pesar de haber crecido en un ambiente violento, tuvo experiencias que le permitieron no replicar sus vivencias. Jaime nunca agredió a su esposa ni a sus hijos. Sin embargo, reconoce que nunca ejerció una paternidad activa, no se involucró en la crianza de sus hijos porque pasaba fuera de su comunidad trabajando y delegaba los temas de casa y hogar a su esposa. Dolores no solo criaba a sus hijos con mucho amor, sino que también trabajaba bastante en la agricultura y ganadería. A pesar de esto, ella nunca se quejó de asumir la crianza en casi su totalidad, pues también ella fue criada de la manera como ella lo hacía con sus hijos.

Jaime junto a su familia

En el 2016, Jaime pasó a formar parte del voluntariado comunitario para apoyar a proyectos de Plan International. Ahí recibió talleres de capacitación sobre igualdad de género, prevención de la violencia y desarrollo de la primera infancia. En este último, aprendió sobre el proyecto “Papás que Cuidan”, el cual promueve una paternidad activa y crianza positiva. “Yo nunca cargaba a mi hijo, ni cuando lloraba… solo decía a mi esposa que lo haga… pero gracias a Plan me di cuenta que estuve errado y cuánto daño me había hecho a mí mismo al no demostrar el cariño a mis hijosrecuerda, pensativo. Ser voluntario y tener nuevas experiencias le cambió su vida y considera que se ha convertido en un mejor papá. Hace cinco años empezó a trabajar dentro de su comunidad con su esposa en la siembra de fresas y producción de leche.  También participa en otros proyectos de Plan International para apoyar a la niñez, como implementación de huertos familiares, y además en actividades comunitarias promueve la participación de hombres en tareas diferentes, como la cocina.

Jaime se ha convertido en un líder que promueve una participación más equitativa entre hombres y mujeres. Ahora, él comparte el trabajo doméstico y enseña a sus hijos, con el ejemplo, a combatir estereotipos de género. “Muchas veces los hombres hablamos de nuestros logros, pero nunca de nuestros miedos o dudas, ni demostramos nuestros sentimientos de tristeza, pero Plan me enseñó a cambiar esta mentalidad y a ser un padre activo”, finaliza.

Autora: Norma Mora, Técnica de Desarrollo Local, Oficina Chimborazo – Bolívar