Estudio de caso: Vanessa Arauz, influencer por el fin de la violencia en línea

Vanessa Arauz es una entrenadora ecuatoriana de fútbol quien actualmente entrena al equipo femenino del club chileno Colo-Colo. Fue la entrenadora en jefe de Ecuador en la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2015 a los 26 años de edad, contratada a los 24 años, estableció un récord mundial como la entrenadora más joven en una Copa Mundial de la FIFA masculina o femenina. instagram.com/vane_arauzl

¿Ha tenido alguna experiencia personal de acoso o violencia en línea? ¿Hay algún incidente en particular que se haya quedado grabado en su mente?

Sí en una ocasión pude experimentar directamente lo que es la violencia en línea, fue cuando tuve la oportunidad de dirigir a la Selección Nacional Ecuatoriana en el Mundial de Canadá 2015. En las redes sociales, sobre todo en Facebook, recibí muchos comentarios ofensivos dirigidos a mí, como: “no sirves para nada”, “deberías ir a lavar los platos, donde pertenecen las mujeres”, “eres una vergüenza para nuestro país”, etc.

¿Cómo ha afectado a su vida este tipo de experiencia en línea? ¿Qué estrategias ha utilizado para ayudarle a sobrellevar este tipo de situación?

Al principio me afectaron mucho hasta el punto que cerré todas mis cuentas en redes sociales por un tiempo porque no comprendía cómo puede haber tanta maldad en la gente al decir ese tipo de comentarios sin siquiera conocerme.  Las personas no comprenden que este tipo de comentarios pueden afectarte a nivel psicológico y emocional. Para hacer frente a este abuso, decidí certificarme en coaching deportivo y entender cómo podría desarrollar mejores herramientas para enfrentar este tipo de acoso y cómo replantearme y desarrollar la resiliencia en mí. Desde entonces, he reactivado algunas redes sociales y he aplicado mis estrategias para afrontar el abuso.

En su experiencia, ¿cómo ha impactado el covid-19 en el acoso y la violencia en línea?

Siento que en esta era de COVID-19 la gente está más en línea. Lo cual ha desarrollado desde mi punto de vista un crecimiento en el acoso y la violencia en redes sociales, quizá enmascarando la impotencia de la situación actual: la rabia de la pérdida de empleos, la convivencia con uno mismo. Considero que estos factores en parte han hecho que las personas se descarguen de manera incorrecta con comentarios y demostraciones violentas en línea.

¿Qué debe cambiar para que las niñas y las mujeres jóvenes puedan sentirse seguras y poder hablar de forma libre en línea?

Creo que tenemos que empezar con las normas sociales.  La sociedad cría a las niñas con el concepto de que debe estar protegida, no se puede ensuciar, tiene que vestirse de rosa, debe jugar con muñecas y casas. Existe la idea errónea de que, si no sigues estas normas, mereces abuso, ya sea en las redes sociales o en persona.

Podemos cambiar esto comenzando por el entorno de nuestro hogar. Empoderar a las niñas (y mujeres) para que puedan generar la confianza adecuada para decir libremente lo que quieren decir y hacer.

¿Qué pueden hacer las niñas y las jóvenes para garantizar que las niñas se mantengan seguras y se sientan empoderadas en línea?

Pienso que una de las formas es reforzar la confianza y empoderamiento de las niñas en   base al ejemplo de personas o figuras que ellas puedan admirar o con quienes puedan sentirse respaldadas y seguras.  Así, por ejemplo, es importante los talleres o charlas donde ellas aprendan sobre todo lo que implica el acoso y la violencia en línea. Al estar bien informadas las niñas y jóvenes pueden usar las redes sin sentir miedo o vergüenza.

¿Hay alguna línea de ayuda para iniciativas / proyectos / campañas que recomendaría / en las que haya participado directamente para ayudar a las niñas y mujeres jóvenes a mantenerse seguras y sentirse empoderadas en línea?

Actualmente no, en una ocasión participé en una campaña de la no violencia hacia la mujer #niunamenos que se realizó en Quito, pero no era directamente sobre sentirse empoderadas en línea.

La reciente investigación de Plan International, la encuesta más grande a nivel mundial sobre violencia en línea que involucró a 14.000 niñas de 22 países, indica que una de cada cinco niñas (19%) dejó o redujo significativamente el uso de plataformas sociales tras ser acosada. Las influencers que generan contenido digital y ganan seguidores en las plataformas sociales son particularmente vulnerables al acoso en línea. Usualmente, mientras más grande su audiencia es, más abuso reciben.

¿Qué crees que podrían hacer las compañías de redes sociales para ayudar a terminar con el acoso y la violencia en línea?

Sería espectacular desarrollar un filtro inteligente, generado por un algoritmo que pueda borrar o no permitir palabras obscenas u ofensivas. Como parte de esta iniciativa, sería estupendo que estas empresas de redes sociales concienciaran sobre los efectos de la violencia en línea.

En mi experiencia, una vez una persona me acosaba en línea, siendo muy grosera en sus comentarios y los que incluso llegaba a ofender a mi familia. Así que entré en su perfil tratando de encontrar una explicación al motivo de su odio, y me sorprendió descubrir que compartía en línea el caso de su madre quien estaba muy enferma. Decidí escribirle para hacerle saber cómo me hacían sentir sus comentarios, comentándole que no entendía por qué me estaba esparciendo tanto odio si ni siquiera nos conocíamos. Le pedí que se pusiera en mi lugar y le pregunté cómo se sentiría si yo hiciera esos comentarios sobre él y su madre. Esta persona terminó respondiendo, disculpándose y diciendo que nunca lo había pensado de esa manera.

Esa interacción me hizo entender que, si dejamos en claro a nuestros abusadores y al público cómo estos comentarios pueden afectar a una niña o mujer, tal vez podamos terminar con el acoso y la violencia en línea.

Las niñas nos han dicho que el hostigamiento en línea de muchas maneras es tan malo como el hostigamiento callejero o es una continuación del hostigamiento callejero. ¿Considera que esto se toma lo suficientemente en serio?

Creo que no se toma tan en serio como debería, todavía queda mucho por hacer. Estamos en 2020 y no solo sigue siendo difícil salir a la calle y aguantar que se digan cosas obscenas, sino que luego te conectas a tus redes sociales y el abuso continúa ahí. Pero no podemos dejar que el abuso nos detenga. Debemos aprender a valorarnos y no tener miedo a expresarnos.