Ángel lo apuesta todo para cumplir sus sueños
Mientras sus amigos tienen empleos estables y reciben un salario a fin de mes, Ángel sigue apostando por un sueño cuyos resultados requieren tiempo. A sus 25 años, siendo Ingeniero Agropecuario en Santa Elena, ha descubierto que emprender implica convivir con la incertidumbre, invertir antes de ver ganancias y aprender a tener paciencia. Hoy dedica sus días a sacar adelante una granja porcina, pero el camino hasta allí no ha sido sencillo, en más de una ocasión, se preguntó si realmente valía la pena continuar.
Crecer en una zona rural significó enfrentar largas distancias, gastos permanentes y momentos en los que continuar estudiando parecía imposible. Más de una vez pensó en abandonar la universidad, pero el esfuerzo de sus padres y el apoyo de su familia terminaron por darle la fuerza para seguir adelante y convertirse en profesional. “Sí, en muchos momentos pensé en rendirme, pero siempre recuerdo el esfuerzo que hacen mis padres y la motivación que ellos me dan. Eso me da un plus para seguir adelante”, recuerda.
Con el título en sus manos, Ángel decidió convertir en realidad la idea que había imaginado durante años, iniciar una granja porcina. Conseguir financiamiento siendo joven y sin historial crediticio fue uno de los primeros obstáculos que tuvo que enfrentar. Después de un largo proceso logró obtener un préstamo y construir la infraestructura necesaria para iniciar su granja. Pero pronto descubrió que producir era apenas una parte del desafío. Mientras algunos de sus amigos ya disfrutaban de ingresos más estables, él seguía reinvirtiendo gran parte de sus ganancias y aprendiendo a convivir con la incertidumbre propia de quien está comenzando.
“Uno como emprendedor quisiera crecer a pasos agigantados, pero no siempre se tienen los recursos disponibles. He aprendido a avanzar paso a paso”, explica.

Sus días transcurren entre el trabajo en la granja, el cuidado de los animales y la búsqueda constante de clientes. La comercialización sigue siendo uno de los mayores desafíos, pero las pequeñas victorias le recuerdan por qué decidió emprender. Las primeras ventas y los comentarios de clientes de otras localidades, que destacan la calidad y el sabor de sus productos, le dieron la confianza necesaria para continuar apostando por su negocio.
Nada de esto habría sido posible sin el respaldo de su familia. Sus padres han estado presentes desde el inicio y su hermana, estudiante de Medicina Veterinaria, también aporta conocimientos que fortalecen el cuidado de los animales. Ese apoyo le ha permitido consolidar una actividad que además se conecta con otros productores locales, a quienes compra productos para complementar la alimentación de los cerdos y fortalecer la economía de su entorno.
La experiencia de Ángel refleja una realidad compartida por miles de jóvenes ecuatorianos; según un estudio sobre empleabilidad juvenil de Plan International, solo el 28,7 % de las personas jóvenes cuenta con un empleo adecuado y más del 60 % todavía depende económicamente de sus familias, lo que evidencia los desafíos que enfrentan para construir un futuro propio.
Con el tiempo, la idea que comenzó como un pequeño emprendimiento se convirtió en un proyecto con metas mucho más grandes. Ángel sueña con transformar su granja en una empresa reconocida, incorporar tecnología, generar empleo para otras personas y desarrollar un modelo sostenible que contribuya al crecimiento de su comunidad.
En ese camino conoció una iniciativa de Plan International dirigida a jóvenes emprendedores. Gracias a las capacitaciones, el capital semilla y el acompañamiento técnico, fortaleció conocimientos en marketing, análisis de mercado y planificación, herramientas que ampliaron su visión sobre el potencial de su negocio.
“Mi visión cambió. Entendí que mi idea no solo era una idea pequeña, sino que podía convertirse en un negocio grande, con impacto en mi comunidad”, afirma.

Hoy, mientras continúa trabajando para consolidar su emprendimiento, Ángel tiene claro que el éxito no siempre llega rápido. Después de años de esfuerzo, aprendió que los sueños más importantes no se construyen de un día para otro, sino con paciencia, perseverancia y la decisión de seguir adelante incluso cuando el camino parece incierto. Para Ángel, el apoyo técnico y familiar se han convertido en motivación para continuar creyendo y trabajando por sus sueños y metas.
