Agua, saneamiento e higiene para el retorno seguro a las clases presenciales en Ecuador

Por: Pablo Daza, Especialista de Proyecto ECHO

Unos días antes del 7 de mayo de 2021, día en que la niñez ecuatoriana de la Costa y Galápagos iniciara por segunda vez consecutiva un nuevo año lectivo de clases de manera virtual por causa de la pandemia por el COVID-19, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) afirmó que “otro año sin escuela sería catastrófico para el bienestar y aprendizaje de los niños” e hizo un llamado a la reapertura urgente, progresiva, voluntaria y segura de los centros de desarrollo infantil (CDIs), escuelas y colegios. La niñez bajo el régimen escolar Sierra-Amazonía podría iniciar clases de manera virtual en septiembre de 2021, pero esto dependerá del éxito de las medidas que implemente el nuevo Gobierno Nacional, entre las cuales destaca el nuevo plan de vacunación 9/100 (9 millones en los primeros 100 días de gobierno) lanzado el 31 de mayo de 2021, y el plan de retorno progresivo y voluntario a clases a partir del 7 de junio de 2021.


Escuela cerrada en el Centro Histórico, Quito. Foto: Luz Marina Sono

¿Por qué es necesario regresar a las aulas? Las escuelas son lugares en donde las niñas y niños reciben educación y, además, son espacios de socialización en los cuales reciben alimento y protección, para que jueguen y hagan amigas y amigos. Con dificultades para conectarse y concentrarse en las clases virtuales, cada día que se mantiene la educación virtual la niñez es más propensa a la deserción escolar; y, en 191 países estudiados por Unicef, no existe evidencia de que la educación virtual reduzca significativamente la tasa de contagios de COVID-19.

Es globalmente reconocido que, para reabrir las escuelas de forma segura, es fundamental el suficiente distanciamiento y ventilación, el frecuente lavado de manos con jabón o su desinfección con alcohol o gel, y el uso de mascarilla. Como medida de bioseguridad, el lavado de manos con jabón destaca en prioridad y efectividad por encima del uso de mascarilla, pero su aplicación requiere infraestructura e insumos mínimos: lavamanos, agua y jabón.

Unidad educativa fiscal se prepara para el retorno a clases en Iñaquito, Quito. Foto: Luz Marina Sono

¿Qué tan preparadas están las instituciones educativas ecuatorianas para la reapertura?

La situación varía de una institución educativa a otra. Desde julio de 2020, Ecuador cuenta con un “Protocolo para el autocuidado e higiene de la población educativa durante el uso progresivo de las instalaciones educativas COVID-19” y los directivos, docentes, personal técnico y administrativo de las instituciones educativas y niveles desconcentrados del Ministerio de Educación (MINEDUC) reciben un curso virtual acerca de este protocolo desde noviembre de 2020. Además, la mayoría de instituciones educativas preparan y presentan sus Planes Institucionales de Continuidad Educativa (PICE) para obtener una autorización para reabrir. Pese a ello, la infraestructura escolar aún tiene muchas debilidades:

Según un diagnóstico de escala nacional de agua, saneamiento e higiene (WASH por sus siglas en inglés) realizado por el MINEDUC en más de 16 mil instituciones educativas (IE), a junio de 2020 un 52% de IE no contaban con un servicio básico de higiene (es decir, carecen de agua o jabón para lavado de manos), 36% carecía de un servicio básico de saneamiento, y 13% estaba plenamente privada de acceso a agua. Sin embargo, las brechas de servicios son más acentuadas en las IE fiscales, las cuales educan a 3,4 millones de niñas y niños (77% del estudiantado nacional), e incluso más marcadas en lo rural que en lo urbano. Consecuentemente, más de un tercio de las IE fiscales en todo el país, tanto urbanas como rurales, fueron calificadas con una Alta Prioridad de Atención por carecer de al menos uno de los 3 servicios WASH.

Diagnóstico nacional de servicios de higiene. Fuente y elaboración: Diagnóstico de servicios de agua, saneamiento e higiene en las instituciones educativas (MINEDUC y UNICEF, 2020
Priorización de atención para servicios WASH. Fuente y elaboración: Diagnóstico de servicios de agua, saneamiento e higiene en las instituciones educativas (MINEDUC y UNICEF, 2020)

¿Y si a esto se agrega la situación de vulnerabilidad de niñas y niños en condición de movilidad humana? Según el último monitoreo de flujo migratorio venezolano que realiza el Organismo de la Naciones Unidas para la Migración (OIM), a marzo de 2021 un 44% de personas refugiadas y migrantes venezolanas entrevistadas en 10 ciudades del Ecuador reportaron que sus hijos e hijas no asisten a un centro educativo, y el 74% de ellos afirman estar impedidos por la falta de recursos económicos. Por otro lado, del 56% restante de las familias cuyas hijas e hijos estudian regular y virtualmente en una institución educativa, más de la mitad carece de las facilidades necesarias para el aprendizaje en línea.

Numerosas agencias de cooperación internacional y organismos no gubernamentales colaboran con el MINEDUC para enfrentar esta situación. Es el caso de la Unión Europea quien financia un proyecto de ayuda humanitaria para apoyar el retorno seguro a clases en 5 instituciones educativas que se caracterizan por tener el mayor número de estudiantes de nacionalidad venezolana. Este proyecto se llama “Rutas por la Igualdad” y cuenta con Plan International Ecuador como uno de sus socios implementadores.

La fase de diagnóstico de Rutas por la Igualdad reveló algunas brechas de género en los servicios WASH. Por ejemplo, normas internacionales de OMS y Unicef recomiendan una afluencia máxima de 25 niñas por retrete (o unidad sanitaria) y 50 niños por retrete (siendo más permisivos para niños que para niñas porque los niños pueden usar urinarios o retretes indistintamente). Sin embargo, la afluencia real medida en estas escuelas excede el límite máximo para las niñas, en mayor medida, que para los niños. Se destaca que este problema no ha sido por falta de unidades sanitarias en la escuela, sino por una distribución inequitativa de las unidades sanitarias existentes.

Fuente: Proyecto Rutas por la Igualdad (2020)
Ambigüedad, bloqueo y deterioro de baños. Foto: Pablo Daza
Redistribución de unidades sanitarias por sexo y adecentamiento de baños en una unidad educativa fiscal en Carcelén, Quito. Foto: Sebastian Encalada.

No obstante, la experiencia de Plan International en proyectos WASH en más de 6 provincias ecuatorianas en el contexto de la pandemia revela que el desafío para el retorno seguro a clases se concentra en la gestión de los servicios WASH y en la cultura en las escuelas, mucho más que en la infraestructura en sí misma. Por ejemplo, aunque ciertamente existen poblados que carecen de acceso a agua potable, muchas escuelas que sí reciben el servicio no tienen agua segura por falta de limpieza y desinfección de sus cisternas. Por otro lado, actualmente las instituciones educativas fiscales no están autorizadas para contratar personal de conserjería dentro de la nómina del MINEDUC, sino que deben contratar a proveedores externos para contar con servicios de limpieza. En esto, el problema es que la gestión de los servicios WASH no es únicamente “limpieza”, además de que, incluso antes de la pandemia, no se están contratando todos los servicios externos que se requieren en las IE por la difícil situación fiscal. Ante esta situación, la mayoría de escuelas acuden a padres y madres de familia para recaudar contribuciones monetarias y no monetarias para reparar aparatos sanitarios o sistemas de bombeo defectuosos, adquirir insumos de aseo, o pagar jornales para la limpieza de baños. A este modelo informal y solidario lo llaman “autogestión”, un modelo probado por ser más ágil que los canales formales de la administración pública. Sin embargo, la autogestión es reactiva, se hace sólo cuando algo se ha dañado, y alcanza apenas para las necesidades más urgentes, por lo que, sumado a la travesura (que bordea el vandalismo), la infraestructura WASH se deteriora aceleradamente al borde del abandono, especialmente en los rincones más remotos del país.

Anfibios habitando la cisterna en una unidad educativa fiscal en la parroquia Charapotó, cantón Sucre, provincia de Manabí. Foto: Pablo Daza
Retrete en abandono en una unidad educativa fiscal en la parroquia Selva Alegre, cantón Eloy Alfaro, provincia de Esmeraldas. Foto: Pablo Daza

Finalmente, queda el desafío de garantizar el acceso a los servicios WASH a todas y todos en la escuela. En todas las IE  intervenidas fue posible habilitar al menos una unidad sanitaria con acceso para personas con movilidad reducida: una unidad sanitaria con una puerta suficientemente amplia que abre hacia afuera y que tenga barras de apoyo, accesible sin obstáculos desde la entrada a la escuela, a través de los pasillos y hasta la unidad sanitaria; unidades sanitarias con facilidades para la higiene menstrual (un cuarto de baño privado con un inodoro, un lavamanos y un tacho de basura), que aunque casi siempre están reservadas para el uso exclusivo de docentes,  se incentiva su uso para las niñas en edad de menstruar.

Un retrete existente se adapta para brindar acceso universal y facilidades para higiene menstrual en una escuela en La Loma, Quito. Fotos: Luz Marina Sono, Sebastián Encalada.

Lavamanos escolar adecuados para el retorno a clases en unidad educativa fiscal en Iñaquito, Quito. Foto: Luz Marina Sono

Aún fuera del contexto de la pandemia, los servicios WASH en las escuelas públicas urgen atención. Las normas mínimas WASH -antes mencionadas- son aplicables para contextos de escasos recursos, pero el Ecuador, pese a que está clasificado como un país de ingreso mediano alto por el Banco Mundial, aún tambalea al momento de alcanzarlas en su sistema educativo público. Está demostrado que esta vara mínima puede superarse casi totalmente mediante la rehabilitación y distribución equitativa de la infraestructura existente, lo cual representa una inversión modesta (la inversión promedio en rehabilitación de infraestructura WASH existente en 5 escuelas fiscales en Quito, con financiamiento de la Unión Europea, rodea los US$ 8 por niño, niña o adolescente), pero, encima de todo, quedan los grandes desafíos organizacionales y culturales que deben integrarse sistémicamente en las estrategias de desarrollo del sector educativo nacional. Sólo así será posible generar entornos de aprendizaje inclusivos y seguros, más allá de un eventual retorno a clases en el contexto de la pandemia.

Baterías sanitarias listas para el retorno a clases en Carcelén, Quito. Foto: Sebastián Encalada.