Cuando la lluvia amenaza con llevárselo todo
Cada día Yenny de 33 años, se levanta temprano para preparar el desayuno para las siete personas que viven en su casa: su esposo, sus tres hijas, su yerno y su nieta. Luego atiende su pequeña tienda, donde vende productos básicos a los vecinos. Mientras tanto, su esposo trabaja en la finca o en la construcción cuando aparece algún empleo temporal. Su familia depende del trabajo en la finca, donde cultivan cacao y recolectan frutas que luego venden en los mercados cercanos.
Las primeras lluvias en la comunidad de Yenny, en Manabí, suelen caer de forma silenciosa. Pero cuando se intensifican, el sonido sobre los techos de zinc se vuelve constante. Los ríos crecen, los caminos de tierra se vuelven barro y la montaña empieza a moverse.
En Ecuador, las lluvias no son solo un cambio de estación. Durante 2025 se registraron 4.443 eventos adversos relacionados con lluvias, entre inundaciones, deslizamientos y colapso de infraestructura. Estos eventos dejaron 241.737 personas afectadas en todo el país. (Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos).i
En su comunidad, esos números se traducen en algo mucho más concreto: carreteras bloqueadas, cosechas perdidas y familias aisladas.
“Para la época invernal cambia bastante. Las fuertes lluvias causan deslaves y las vías se dañan. No hay acceso para los buses y es difícil salir a comprar alimentos como carne, pollo o legumbres. En el tiempo de invierno la vida aquí se vuelve bastante complicada”, indica Yenny.
Pero cuando llegan las lluvias, la rutina se convierte en un desafío. Los caminos que conectan la comunidad con los pueblos cercanos se vuelven intransitables. Los buses dejan de circular y abastecer la tienda se vuelve casi imposible.

En todo el país, los efectos del invierno también golpean la infraestructura: más de 247 kilómetros de vías resultaron afectadas por lluvias en 2025. (Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos).ii
En comunidades rurales como la de Yenny, un camino dañado puede resultar en aislamiento, y cuando eso ocurre, el trabajo de meses puede perderse en cuestión de días. “El año pasado, por las lluvias, hubo un deslizamiento de tierra donde tenemos sembrado cacao. Este año estamos esperando que no pase nada, pero ese es el miedo que tenemos: que se nos vaya esa tierra con toda nuestra siembra”.
Ese miedo no es exagerado. Cada árbol de cacao representa años de arduo trabajo. Perder una parcela por un deslizamiento significa perder ingresos, alimento y estabilidad para toda la familia.

Pero la lluvia no solo amenaza la producción. También afecta algo tan elemental como el agua que consumen día a día. En la comunidad de Yenny, muchas familias dependen de vertientes naturales. Cuando llueve fuerte, el agua baja cargada de sedimentos y residuos de la montaña. “El agua viene llena de lodo, con palos, con hojas secas, con malezas… es una mezcla de todo. Hay que esperar que salga el sol para que asiente un poco, pero igual no viene clara”. Cuando esto ocurre, los riesgos de enfermedades aumentan y las familias deben buscar formas de hacerla segura para el consumo.
Yenny ha formado parte de proyectos de prevención de riesgos de Plan International, donde las familias de su comunidad aprenden sobre salud, prevención de enfermedades y manejo seguro del agua. Con el tiempo, ese aprendizaje también se ha convertido en algo que ella comparte con otras personas. Cuando llegan las lluvias y baja agua turbia desde las vertientes, Yenny recuerda a sus vecinos la importancia de hervirla antes de consumirla y de cubrir los recipientes donde la almacenan para evitar enfermedades. “Ahora sabemos que el agua que parece limpia puede traer microbios”, explica. “Por eso aprendimos que siempre hay que hervirla antes de tomarla”.
Gracias a este apoyo, la prevención forma parte de la vida diaria de muchas familias de su comunidad. En su casa, por ejemplo, ahora cuentan con un tanque para almacenar agua, algo clave cuando el suministro se vuelve irregular durante el invierno, también han recibido mosquiteros para protegerse de enfermedades transmitidas por mosquitos, una preocupación frecuente durante la temporada de lluvias.

Para Yenny, estos pequeños cambios no solo ayudan a su familia, sino también a que la comunidad esté mejor preparada cuando el invierno vuelva a golpear.
Cada mañana Yenny sigue levantándose temprano para preparar el desayuno, abrir su tienda y cuidar de su familia. Ahora ella sabe que la prevención brinda estabilidad a pesar de la incertidumbre cuando las nubes vuelvan a cubrir las montañas y la lluvia empiece a caer con fuerza. “Las lluvias siempre van a volver, eso lo sabemos. Pero ahora también sabemos que prepararnos hace la diferencia. Cuando una familia aprende algo y lo comparte con otra, toda la comunidad se vuelve más fuerte para enfrentar lo que venga”.
Autor: Juan José Orellana
Técnico de Contenido y Digital
Plan International Ecuador
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