Una beca transformó a Valeria en bióloga profesional

Cada mañana, Valeria llega al laboratorio de microbiología de una empresa camaronera en Santa Elena y se coloca la bata blanca. A sus 27 años, es la responsable de garantizar que los procesos de producción sean seguros y los productos óptimos para consumo humano. Es un trabajo que ama. Pero hace diez años, cuando vivía en una comunidad rural de esta provincia ecuatoriana, este futuro parecía imposible.

En Ecuador, 7 de cada 10 mujeres de 18 años y más nunca acceden a estudios universitarios, según el INEC. La falta de recursos económicos es la principal causa. Valeria enfrentaba exactamente esta realidad.

De la adversidad a la determinación

Desde pequeña, Valeria enfrentó la ausencia de sus padres. Fueron sus abuelos quienes la criaron y le transmitieron valores de esfuerzo y solidaridad. Aunque su infancia estuvo atravesada por situaciones de violencia intrafamiliar, Valeria usó estas experiencias para fortalecer su resiliencia y su deseo de construir un futuro diferente.

En la escuela, mostró curiosidad y pasión por aprender, pero también enfrentó críticas que más tarde comprendería como bullying. Participando en talleres comunitarios, Valeria fortaleció su autoestima y entendió que tenía derecho a una vida libre de violencia y llena de oportunidades. Estos espacios le dieron confianza para expresar sus sueños y trabajar por su futuro. En medio de estos talleres, Valeria ganó una beca para acceder a la universidad.

La beca cubrió gastos de movilización y materiales educativos, brindándole la estabilidad económica que necesitaba para continuar sus estudios. Además, el programa le permitió capacitarse en temas de protección, género y liderazgo, reforzando su compromiso con la igualdad y la educación.

“Para mí el haber logrado ser parte del proyecto de Becas Universitarias fue un verdadero milagro, sin esa ayuda no hubiera logrado terminar mis estudios, o quizás ni siquiera hubiera podido entrar a la universidad”, comenta Valeria con emoción.

Ingresar a la universidad fue solo el comienzo. Durante cinco años, Valeria enfrentó retos académicos: noches estudiando materias complejas como Química Orgánica, trabajos prácticos exigentes, exámenes que demandaban toda su concentración. Hubo momentos difíciles en los que la tentación de abandonar era fuerte, especialmente cuando veía a compañeros con más recursos económicos mientras ella debía trabajar para ayudar en casa.

Pero en ese proceso también descubrió su verdadera vocación: la microbiología y el control de calidad. Le fascinaba entender cómo los microorganismos influyen en los alimentos, cómo garantizar la seguridad de los productos que consume la población. Cada clase, cada práctica de laboratorio, era un descubrimiento.

“Ahora soy la primera profesional de la familia”, menciona Valeria, quien tras cinco años de esfuerzo constante, se graduó como Bióloga.

Transformando vidas más allá de la propia

Hoy, Valeria no solo trabaja en el área que eligió con convicción. También apoya económicamente a su madre, hermanos y hermanas. Mantiene un vínculo cercano con su abuela, quien fue su principal referente en la infancia y a quien le demostró que los valores de esfuerzo que le transmitió dieron fruto.

Valeria sueña con seguir creciendo profesionalmente, construir su propia casa y, especialmente, convertirse en un ejemplo tangible para otros jóvenes de su comunidad que enfrentan las mismas barreras que ella vivió.

“Como soy la primera profesional de la familia, siento que debo impulsar a mis primos a que sigan una carrera, ya que la educación es lo mejor que se puede recibir”, afirma Valeria.

El testimonio de Valeria refleja cómo la falta de recursos económicos sigue siendo una de las principales causas que marcan la diferencia en el futuro juvenil, lo que demuestra la importancia crítica de programas como las Becas Universitarias – que en el caso de Valeria, fue implementada a través de Plan International – para que más niñas y jóvenes puedan transformar sus vidas.

Valeria ya tiene su próximo objetivo: especializarse aún más en su campo, quizás con estudios de posgrado en seguridad alimentaria. Porque para ella, aprender y crecer nunca termina. Y derribar barreras para otras jóvenes que vienen detrás, tampoco.

Autora: Gladys Rivera – Gerente de Unidad de Programas

Oficina Santa Elena

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