Mis pasiones: el fútbol y el Movimiento Por ser niña

Rosario Rea es parte del equipo de Plan International en Ecuador, el cual trabaja en la provincia de Chimborazo con las niñas y los niños de varias comunidades. Ella entrevistó a Mayra, una de las niñas que han participado en los proyectos de Plan International. La siguiente historia es el testimonio de Mayra.

Recuerdo mi infancia y pienso cómo cada momento se convertía en una historia. Tengo un hermano mayor y un hermano menor, mi madre y padre siempre eran más cercanos con ellos. Un día, por razones que no recuerdo, me fui a vivir con mis abuelitos, quienes me cuidaban mucho y me dieron la educación. Gracias a ellos, llegué a la escuela de mi comunidad donde me encontraba con mis hermanos todos los días.

Pienso en mi niñez con mucha felicidad, especialmente la escuela, que se convirtió en un segundo hogar para mí. Cuando empezaba el amanecer, me despertaba emocionada de compartir con mis compañeras y compañeros y aprender de mis profesores, quienes también se convirtieron en mis amigos. Me gustaba caminar con mis hermanos camino a la escuela, pues la casa de mis padres quedaba cerca.

Mayra
El fútbol es una de las pasiones de Mayra

A la hora del recreo, yo era la única niña que jugaba fútbol, eso era mi pasión. Al finalizar la escuela, regresaba a la casa, donde mi abuelita esperaba feliz con el almuerzo listo: mi sopa favorita, arroz de cebada, y trigo con panela y leche. Después de comer y ayudar a mi abuela, salíamos de la casa a asegurar los ganados, pues las vacas proveían la leche que usábamos para hacer el queso que vendíamos. Esta era nuestra fuente de ingreso para comprar comida, vestimenta, útiles escolares, uniformes, leña para cocinar y hierba para alimentar a los cuyes. En temporadas de siembra, caminaba una hora para sembrar papas, melloco, oca y habas. Llegada la noche, hacía mis deberes para el siguiente día.

En mi comunidad no había colegio para continuar mis estudios, pero mis abuelitos me ayudaron para que continúe en el colegio de la parroquia central. Tenía que madrugar y caminar más de una hora para tomar transporte en la vía principal.

Un día, mi madre llegó a la casa de mi abuelita a invitarme a que asista a una reunión de chicas. Ahí fue que Plan International entró a mi vida. Escuché sobre el trabajo de la ONG y se acordó planificar talleres los días domingos, como parte del proyecto Zona Libre de Embarazo Adolescente (ZLEA). En este espacio perdí el miedo a hablar y la vergüenza de tratar temas sobre educación sexual. El personal de Plan International también nos llevó a otras parroquias para compartir con otras jóvenes, además de realizar otros talleres con madres y padres de familia para que conozcan sobre el proyecto.

La técnica de Plan International siempre se ha comunicado con nosotras en kichwa, ya que en nuestras comunidades es el idioma que más usamos. Asistimos 22 chicas a los talleres y luego cuatro fuimos seleccionadas para participar en la Escuela de Liderazgo por seis meses. Este fue un paso importante en mi vida ya que todos y todas en la comunidad nos conocían por participar en el proyecto. Posteriormente, formé parte del Movimiento Por Ser Niña, donde entendí la importancia de aprender, participar y liderar a mi edad. En el Movimiento queremos que las niñas no suframos violencia de ningún tipo, por lo que debemos estar alertas y no quedarnos calladas. Después, fui considerada como promotora del proyecto ZLEA en mi comunidad, donde apoyé facilitando los talleres y como voluntaria comunitaria de Plan International.

Cuando empezó la pandemia del COVID-19, tenía muchas dificultades porque no tenía internet ni dispositivos móviles para recibir clases virtuales. Iba donde mi tía, hermanos y vecinos a pedir prestado el internet o celular para poder estudiar. Plan International me ayudó en esta etapa al darme una tablet nueva para poder seguir en el colegio y fortalecer el Movimiento Por Ser Niña. Siento mucha alegría de ser parte de Plan International y estoy comprometida a seguir ayudando a las niñas de las comunidades aledañas. Estoy determinada a hablar contra las injusticias que enfrentamos para que las niñas tengamos mejores oportunidades de vida, vivamos en lugares seguros y cumplamos nuestros sueños y proyectos de vida.

Soy feliz porque ahora vivo con mis padres y en mi casa todos y todas hacemos los quehaceres por igual. Además, soy integrante del Club Deportivo Femenino de mi Comunidad. Con mucho esfuerzo, mis padres instalaron internet en la casa y ahora puedo recibir mis clases con la tablet. Este año terminaré mi bachillerato.

¡Mis pasiones son el fútbol y el Movimiento Por Ser Niña!

Autora: Rosario Rea, Técnica de Desarrollo Local

Oficina Chimborazo – Bolívar