MERCY, UNA LIDERESA EN ASCENSO

Mercy, quien siempre lleva una sonrisa en su rostro y ayuda a otras niñas, tiene 20 años y sueña en convertirse en Ingeniera en Sistemas. Es la segunda de su familia, tiene dos hermanos y tres hermanas. Viven en Chimborazo, una provincia de Ecuador donde se ubica uno de los nevados más altos del mundo, el cual tiene el mismo nombre. Es de la comunidad más alta de su cantón, la cual queda a una hora de camino en carro desde la ciudad. Desde una corta edad ha tenido que pasar varios retos. Empezó a estudiar en su comunidad en una escuela pública, y después tuvo que seguir el bachillerato en la ciudad porque no había escuela secundaria cerca de su hogar.

Desde pequeña, siempre ha trabajado en el campo ayudando en los quehaceres domésticos. “Mi madre nos despertaba a las 05:00 de la mañana para que vayamos a traer agua o leña… y esa era nuestra costumbre, nuestros ojos se abrían por sí solos”, Mercy recuerda que junto a su hermana les tomaba alrededor de una hora y media hacer estas tareas. La mayor parte de su niñez la pasó únicamente con su madre porque su padre debía migrar por trabajo. Ella pasaba muy triste porque lo extrañaba y con ansias esperaba uno o dos meses a que su padre volviera y trajera los chocolates que le prometía; efectivamente, su padre siempre cumplía con su palabra.

Cuando Mercy empezó la escuela fue muy duro porque no sabía cómo hacer los deberes y sus padres no podían ayudarla, pues su madre no sabía leer ni escribir y su padre no estaba. A ella no le gustaba participar en la escuela ni hablar en público. Sus compañeros se burlaban y eso afectaba su seguridad y autoestima. Además, tenía una profesora que la castigaba físicamente. Sin embargo, a pesar de sus problemas, siempre había una luz en su camino. Por ejemplo, su tía quien le ayudaba con los deberes o su madre siempre exigía que estudie y cumpla con sus responsabilidades. Gracias al apoyo de ambas, obtuvo buenas calificaciones y en su escuela fue abanderada.

Recuerda que en muchas ocasiones tuvo que pasar hambre, cuenta que a veces iban a visitar a algún familiar a ver si les ofrecían algo de comer. No obstante, el amor y unión de su madre y hermanas le fortalecía y daba esperanza de que su vida cambiaría.

Al empezar la secundaria, Mercy experimentó nuevos desafíos y enfrentó actitudes de violencia, exclusión y discriminación por ser una mujer indígena proveniente del páramo de parte de sus compañeros y maestros. Tenía materias que fueron muy difíciles para ella porque la educación básica que recibió no era la mejor. Los docentes ya no la castigaban físicamente, pero le bajaban puntos, “era muy tímida para hablar o preguntar a los profesores, sé que no pegaban como en la escuela, pero ponían bajas calificaciones, ese año me compliqué con las matemáticas y me quedé en supletorios”. Mercy estudió bastante y demostró que sí podía y aprobó la asignatura. Cada dificultad que enfrentaba era un aprendizaje. Esa mala experiencia le ayudó a que se esfuerce y nunca más tuvo dificultades en ninguna materia.

Plan International entró en la vida de Mercy desde sus 10 años, pues ayudaban con batería sanitaria para su escuela, aulas escolares, materiales didácticos y mangueras para agua entubada. Esto mejoró su vida. Ya no tenía que madrugar para recoger agua, tenía más tiempo para descansar y jugar. Poco después, Plan International empezó a trabajar en temas de prevención del embarazo y protección. Mercy aprendió a quererse a sí misma, a ser resiliente y a trazar su proyecto de vida. “Gracias a la ayuda de Plan ya no me complicaba en hacer las tareas, poco a poco aprendí a hablar en público, y logré pasar al bachillerato internacional, en el cual solo se escogían a los estudiantes con las notas más altas”, comenta.

Desde sus 17 años, Mercy fue voluntaria comunitaria, ayudó a niñas y niños a hacer cartas, apoyó en talleres de prevención de embarazo, y gestionó ante las autoridades de su comunidad la creación de un espacio lúdico para niñas y niños de su comunidad donde puedan compartir aprendizajes de vida. “Una vez la técnica de Plan me preguntó si quería participar como voluntaria y acepté, gracias a ella he aprendido mucho. Di charlas sobre violencia de género, cómo liderar un grupo y a hablar en público”.

Por limitaciones económicas, Mercy tuvo que interrumpir sus estudios por un año. Trabajó duro y ahorró dinero para entrar a la universidad. No obstante, nunca dejó de ayudar en su comunidad, todos los fines de semana se reunía para dar charlas sobre prevención de embarazo, matrimonio temprano y autoprotección. Ella fue parte de una de las primeras familias anfitrionas del programa Amigos de las Américas, un proyecto de Plan International y la Embajada de los Estados Unidos. “Fui a una familia anfitriona, fue una bonita experiencia el vivir con amigos de otro país. Aprendí mucho de cómo salir adelante y no desanimarme de seguir estudiando” explica.

Gracias al esfuerzo de Mercy y el convenio que tiene Plan International con la Universidad de Bolívar, ella pudo acceder a una beca universitaria y empezar sus estudios. Infelizmente, la pandemia del COVID-19 afectó gravemente sus planes, pues ahora sus clases eran virtuales y no tenía los recursos para asumir esta modalidad. Mercy se comunicó con mucha preocupación con el equipo de Plan International pues sus ahorros no podían costear el servicio de internet y una computadora. Las técnicas de Plan International y Mercy se unieron para que una computadora portátil nueva sea donada. Esta herramienta cambió la vida de Mercy y pudo continuar con sus estudios.

El acceso a tecnología y a Internet permitió a Mercy continuar sus estudios universitarios

“Estoy aprendiendo mucho gracias al avance de la tecnología, pero no es fácil recibir clases de este modo porque a veces el internet no funciona muy bien. De todos modos, sé que finalmente voy a lograr cumplir mi meta y demostrar que yo sí puedo” dice Mercy, quien está actualmente en cursando el segundo semestre de su carrera.

Mercy es parte del proyecto Agentes de Cambio, que lucha contra la desigualdad y discriminación hacia las niñas y mujeres. “Lo que más deseo en la vida es que todas las niñas estudien, se preparen y cumplan su proyecto de vida, que no se casen a temprana edad o sean madres sin desearlo”. Mercy es una lideresa de su comunidad, forma parte del Movimiento Por Ser Niña, es parte de la organización juvenil del cantón que ayuda a niñas y niños más necesitados en temas de educación. Su dinamismo y perseverancia han permitido que siga cumpliendo sus sueños y ayuda a los demás. En su comunidad, Mercy es un referente. Su sueño es terminar su carrera universitaria y apoyar en el desarrollo de su comunidad y convertirla en una zona libre de violencia, con igualdad y justicia.

Autora: Norma Mora – Técnica de Desarrollo Local, Oficina Chimborazo-Bolívar