Néstor, de la adversidad al liderazgo: un joven construyendo puentes de inclusión

La historia de Néstor comenzó en Caracas, Venezuela, donde pasó sus primeros años de vida antes de que la situación en su país natal lo llevara a emigrar a Ecuador junto a su familia. Llegó siendo un niño alegre y sociable, con ganas de hacer nuevos amigos y construir una nueva vida. Sin embargo, la realidad que encontró puso a prueba su optimismo.

Los primeros años en su nuevo hogar estuvieron marcados por la discriminación. A pesar de que su madre era ecuatoriana, su acento venezolano convirtió a toda la familia en blanco de comentarios y actitudes xenófobas. Néstor enfrentó insultos como “come arepa” y “regresa a tu país”, además de agresiones físicas que dejaron una huella profunda en él.

Uno de los momentos más difíciles ocurrió cuando tenía once años. Mientras jugaba fútbol, una actividad que disfrutaba profundamente, fue atacado por dos muchachos únicamente por ser venezolano. La experiencia lo afectó tanto que decidió abandonar el deporte y comenzó a aislarse socialmente. Las personas migrantes y refugiadas de Venezuela en Ecuador reportan que 9 de cada 10 casos de discriminación se dan debido a su nacionalidad (ACNUR 2023)

A pesar de estas experiencias, sus padres le transmitieron una filosofía basada en la resiliencia y la no violencia. Le enseñaron a responder al rechazo con dignidad, a no devolver el daño recibido y a mantener la disposición de ayudar a los demás. Con el tiempo, esas enseñanzas se convertirían en la base de su liderazgo.

El punto de inflexión llegó durante su adolescencia, cuando conoció el proyecto ELLA de Plan International en una jornada comunitaria. Lo que inicialmente fue una búsqueda de apoyo para útiles escolares terminó abriéndole la puerta a nuevas oportunidades de aprendizaje y participación.

A través del Club de Jóvenes, Néstor encontró un espacio donde pudo reflexionar sobre las experiencias que había vivido y fortalecer habilidades de liderazgo. Allí profundizó en temas como inclusión, igualdad de género, proyecto de vida, derechos sexuales y reproductivos y masculinidades transformadoras, aprendizajes que más tarde llevaría a su colegio y comunidad.

Poco a poco, comenzó a asumir un rol más activo dentro de su entorno. Como vicepresidente de su colegio, decidió poner en práctica los valores que había fortalecido a lo largo de los años. En una ocasión, al ver que varios estudiantes se burlaban de un niño por llevar una mochila rosada, intervino de inmediato. Tomó la mochila, se la colocó él mismo y enfrentó la situación, transformando un acto de burla en una oportunidad para reflexionar sobre el respeto y la libertad de expresión.

Su compromiso con la inclusión fue creciendo con el tiempo. Las experiencias de discriminación que había vivido dejaron de ser únicamente recuerdos dolorosos para convertirse en una motivación para promover cambios positivos a su alrededor. Desde su rol como líder juvenil, comenzó a utilizar su voz para cuestionar prejuicios, fomentar el respeto y construir espacios más seguros para otras personas jóvenes.

Los aprendizajes adquiridos durante su participación en el proyecto también tuvieron un impacto más allá de su desarrollo personal. Néstor comenzó a compartir estas reflexiones con otras personas jóvenes y observó cambios progresivos en la forma en que su entorno se relacionaba con las personas migrantes. Lo que antes era un espacio donde la xenofobia era frecuente empezó a dar paso a actitudes más inclusivas y respetuosas.

Néstor también empezó a cuestionar estereotipos de género profundamente arraigados. Los aprendizajes sobre masculinidades transformadoras le permitieron desarrollar una visión distinta de lo que significa ser hombre, alejándose de ideas que asocian la masculinidad con la violencia o la incapacidad de expresar emociones.

“Todos teníamos una idea de una masculinidad muy común, que es en sí la masculinidad machista… que como yo soy hombre, no tengo que sentir sentimientos, o si a mí me duele algo no debo llorar. Las personas de Plan nos explicaron que pusieron el nombre de masculinidades transformadoras porque la idea era transformar ese pensamiento en algo positivo… también somos seres humanos y nosotros podemos expresar nuestros sentimientos, nuestras emociones, respetando a otras personas”, manifiesta.

Sus planes futuros incluyen continuar su educación universitaria mientras mantiene su compromiso con el trabajo comunitario y la promoción de la inclusión. Su meta es expandir el impacto de su labor más allá de su comunidad, compartiendo sus conocimientos y experiencias para inspirar cambios positivos en otros espacios.

La transformación de Néstor representa el poder del liderazgo juvenil y la importancia de crear espacios seguros para el desarrollo personal y comunitario. Su historia demuestra cómo las experiencias difíciles, cuando se combinan con oportunidades de aprendizaje, acompañamiento y una mentalidad resiliente, pueden convertirse en la base para un cambio social positivo y duradero. A través de su ejemplo, muestra que la verdadera inclusión comienza con la disposición de cada persona para transformarse y transformar su entorno.

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